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Si nos ponemos a analizar lo que va del año, este ha sido uno lleno de incertidumbres marcado por una pandemia que ha dejado en evidencia una vez más la desigualdad presente en nuestro país y un nefasto manejo de la autoridad frente a esta compleja situación sanitaria. Si bien el foco de atención en este momento es precisamente lo mencionado anteriormente, han surgido en las últimas semanas hechos que no debemos pasar por alto y que quiero desarrollar en las próximas líneas.

Uno de ellos, ocurrido a más de nueve mil kilómetros de Chile, fue la muerte de George Floyd en manos de un policía blanco de Minneapolis, quien en una detención le apretó el cuello con la rodilla durante varios minutos hasta dejarlo sin vida. Desde entonces, se han desencadenado protestas internacionales contra la violencia racial y la consigna black lives matter ha vuelto a resonar tanto en Estados Unidos como en muchas partes del mundo durante las últimas semanas. .

Esto nos recuerda que el racismo y la discriminación eran ya sin duda una pandemia global antes del coronavirus. En aquellos días, posterior a la muerte de George Floyd también pude leer a través de redes sociales a muchas personas apoyando al movimiento anti racial, publicando imágenes que hacían alusión a esta lucha, o sus propias reflexiones al respecto, y muchas otras también que se cuestionaban qué pasaba en Latino América con el racismo y la discriminación. Sin ir más lejos, Chile y el pueblo Mapuche ¿lo tenemos aquí mismo no?, un pueblo que ha luchado incansablemente por su reconocimiento y la reivincidación de sus tierras ancestrales.

Históricamente se ha pronunciado y reproducido en nuestro país un discurso del pueblo Mapuche marcado por la discriminación y el racismo, no se habla precisamente desde una vereda de la “igualdad”, sino que siempre se hace referencia a un “otro”, “a los diferentes”, menospreciando la riqueza de su cultura y cosmovisión, desconociéndola y rechazando su propia historia. Tal circunstancia es el reflejo de la huella que dejó el choque cultural vivido en América con la colonización europea.

Sin duda este discurso discriminatorio también ha reforzado la criminalización y persecución que el Estado de Chile tiene hasta nuestros días contra el pueblo Mapuche por la reivindicación de sus tierras ancestrales y que se ha traducido en constantes enfrentamientos, persecución y asesinatos de miembros de comunidades mapuche en los últimos veinte años. El pasado viernes 5 de junio la Comunidad Autónoma We Newen de Collipulli, Región de La Araucanía, anunciaba a través de un comunicado público el asesinato de su werkén Alejandro Treuquil, quien fue herido de bala la noche del jueves por desconocidos. Previo a esta situación, el comunero había denunciado a través de algunos medios de comunicación hace un par de semanas, el violento y sostenido acoso policial por parte de Carabineros a su comunidad.

Lamentablemente este hecho no es un caso aislado en “democracia”, pues los mapuche muertos en manos de terceros y en extrañas circunstancias, suman decenas desde el gobierno de Ricardo Lagos (2000) hasta nuestros días. El asesinato del werkén Alejandro Treuquil inmediatamente trae a la memoria un conflicto que sigue latente y que forma parte de una lucha histórica del pueblo originario con el Estado chileno por la recuperación de las tierras habitadas por sus ancestros.

Vicente Romano en “El choque de imágenes entre conquistadores y conquistados” (2002) analiza desde una perspectiva crítica el discurso que se ha mantenido y replicado por siglos acerca del mal llamado “descubrimiento de América” y la posterior conquista y colonización de este territorio. Explicando la desarticulación de la cosmovisión indígena en manos de los europeos, de su poder evangelizador y esclavizador. En este contexto eran los europeos quienes representaban la figura del “el poder” y los indígenas a los “subyugados”. De esta manera, y desde la llegada de los primeros europeos, se ha sometido y dominado a las culturas originarias a una cosmovisión ajena. 

Desde Minneapolis a Chile hay cientos de kilómetros de distancia, pero sin dudas hay más semejanzas que diferencias cuando hablamos de casos de discriminación racial, en todas las latitudes tiene la misma fuerza. Lo que no se debe cuestionar a estas alturas de la historia es el valor de una vida por su origen étnico y racial. Black lives matter / Las vidas mapuche importan.

Justicia para el werkén Alejandro Treuquil y todos los mapuche asesinados por el Estado chileno racista en “democracia”.